Analizando las semanas previas al maratón, todo parecía indicar que este año no iba a ser el año, pero maratón es maratón y nunca se sabe. Los dolores de espalda tres semanas antes, los 100kms de la CCC a finales de agosto de los que no acababa de recuperarme y un largo etcétera de cuestiones personales y laborales, pronosticaban que este año no iba a poder ser aquello de mejorar la marca. Los entrenamientos no acaban de salir como quería, aunque los tiempos estaban dentro de lo esperado, las sensaciones no eran buenas. Sin embargo llegado el día, el cuerpo dijo que SÍ, que sí que era el día, que los entrenamientos y el descanso habían servido. Pero no te creas que te enteras con margen, no te avisa el cuerpo unos días antes ni nada por el estilo, no te vayas a pensar. Te enteras en el momento, una vez estás en pleno jaleo, ya llevas unos cuantos kms y parece que las piernas responden, la cabeza ha decidido que el ritmo que llevas es el que va a intentar mantener, y te manda mensajes del estilo «pues vamos a probar a mantener este ritmo y estas pulsaciones, que parece que no está tan mal»
La salida
Mi salida estaba programada a las 8:55 en el cajón número 7, el marrón, un color feo para el dorsal, pero vamos, que no nos vamos a poner tiquismiquis con esas cosas. La cuestión es que por suerte nos pillaba la salida muy cerca, un punto a favor para no tener que pegarnos un gran madrugón, no tener que desayunar excesivamente pronto, no tener que desplazarnos… Todo ideal, tan ideal que apuras y apuras y llegas tarde y lo que era salir a las 8:55 pues te hace salir en la siguiente oleada, a las 9:05. Entre las dudas de como te encuentras y este tipo de cosas, pues la salida ya empieza con nervios y tensión, pero os he de decir una cosa, ahora me alegro infinidad de haber llegado tarde. Avanzamos en los cajones y estuve prácticamente debajo del arco de salida, la salida más emotiva que creo que viviré en mucho tiempo en esto de las carreras. Pensé lo mismo en la CCC de agosto, ese montaje de UTMB con su canción no podía ser superado, hasta que llega la gran tragedia que ha sacudido a Valencia, y el día de su maratón la salida tiene por compás el himno de la ciudad. Todos los titulares así lo indican «la salida más emotiva del Maratón Valencia» y os lo puedo confirmar. Corredores y corredoras con las lágrimas en los ojos, cantando el visca València a escasos segundos de dar la salida, y con las manos en forma de corazón en el aire. Por muchas letras que ponga no se puede explicar la emoción del momento.
9:05, pistoletazo de salida, Nino Bravo de fondo cantando libre, y el escenario perfecto. Un puente por el que pasas todos los días para ir a trabajar, no debería ofrecerte nada nuevo, pero en un día así, sí, claro que te lo da. Los corredores toman el asfalto, y aunque te has repetido millones de veces que no te puedes dejar llevar por el impulso de la salida, ahí estás, otra vez zigzagueando entre corredores, esta vez con la excusa de que has salido en el cajón que no es tu ritmo y que tienes que salir un poco más rápido que la gente. Poco después del puente llega el primer km y el Garmin te marca 4:44. Aunque una de tus ideas era salir a 4:50 para bajar de las 3h30 y acercarte lo máximo posible a las 3h25min, te habías repetido que los primeros kms tenían que ir entre 4:55 y 5, no podemos subir mucho de pulsaciones al inicio o entraremos demasiado rápido en zona 4. Pero ya se sabe, llega el día de la carrera y puede pasar cualquier cosa, así que decides que el nuevo umbral va a ser 4:45, no puedes ir más rápido de esto o la lías. Súmale que había quedado con Bea en vernos poco después del primer km, pero al no llevar el móvil encima no pude avisarle de que salía en la siguiente oleada, 10 mins tarde, esto también ayudó a acelerarme, y con la decepción de no verla porque se creía que ya había pasado y se fue al siguiente punto, km8.
Primeros 10kms
Has mirado el reloj por lo menos tres o cuatro veces en cada km, tienes que controlar, el ojo lo tienes puesto en el pulso más que en el ritmo. Ha vuelto a pasar, vas por encima de 170 pulsaciones, y sabes que es demasiado alto para estar empezando el maratón. Aún así, las sensaciones son buenas (normal, acabas de empezar) así que la decisión es controlar para no irnos muy por encima de 170 y nunca nunca llegar a 180ppm.
Van pasando los kms, justo antes de girar hacia avenida del puerto nos cruzamos con los primeros élite, ellos van por el km22 y nosotros apenas hemos llegado al km4, es espectacular poder verlos en primera persona. Siguen pasando los kms, abandonamos la plaza y giramos hacia Tarongers, nos hemos cruzado con chavales que vuelven de fiesta y nos vitorean, el Yin y el Yang. km 5, el parcial sale a 4:53, todo controlado, por debajo de 5 y aunque el pulso es alto las sensaciones son buenas. En la cabeza ahora solo hay dos pensamientos: no te pases de ritmo y que ganas de llegar al 8 para verlas, allí estarán Bea y mi hermana para animar, única y exclusivamente para animar y apoyar, es increíble como esto puede ser el motor para seguir y apretar. Giro de 180 grados en el mirador, y encaramos Ramón Llull, cuantísimas veces te habrás hecho este recorrido en los últimos 10 años. Lo tienes claro, al final de la calle giras a la derecha y estarán ellas, te desvías un poco del pelotón y empiezas a buscar, ahí está móvil en mano, saltando y la mano bien arriba, como para no verla. Que ganas, que bien, que maravilla, que chute y que impulso. Ese grito de fondo que es su grito de guerra «fuegooo», en que se traduce esto: km 9 ritmo medio 4:37, sabes que no está bien, que no es bueno, pero es imposible frenar. Ahora toca ronda norte, suele hacerse pesada así que aquí regularemos. El parcial en el km10 es de 4:51, así que se podría decir que todo perfecto, pasamos el 10k en 48:39, seguimos rascando segundos para bajar de las 3h30m, perfecto.
Media maratón
El primer cuarto de carrera está hecho, y te dices cosas del estilo, pues ya estamos casi (hay que ser positivos). De ronda norte giramos hacia Alfahuir y empieza a haber cada vez más gente animando. El día acompaña, no hace aire, el sol brilla y la temperatura es perfecta, lo que se diría el escenario ideal tanto para correr como para animar. Conforme nos acercamos a viveros empieza a crecer la gente y la animación, ves que esto lleva a que los corredores se aceleran, pero aquí pones cordura y te mantienes en tu ritmo. Ahora sí, ya está todo estabilizado y no te puedes dejar llevar, y os digo que es difícil, porque cuando en el km13 entras a Alameda, eso es un espectáculo. Gritos, música, el sol en la cara te deslumbra, y encima sabes que al final de Alameda, en el km14 vuelven a estar ellas. Esta vez para animar y para recoger el bidón. Así lo definimos en la estrategia nutricional, dos pastillas de sales para la salida y un bidón de hidratos que mantenemos hasta el km14. En el 14 un gel y agua de los avituallamientos. Y justo en el punto donde habíamos dicho, ahí están, destacan sus gritos entre la gente y mira que es difícil, otro acelerón incontrolable, otro subidón que te hace coger fuerzas para encarar la primera media maratón, y se nota en el ritmo de nuevo, km14 a 4:40. El siguiente punto que nos veremos será el km24, un punto clave para la carrera. Después del gel a la altura de Mestalla encaramos de nuevo Blasco Ibáñez, me permite ver a viejos colegas del fútbol sala al pasar por el barrio en el que tantos años he entrenado, y parece que no, pero esto también es un chute de alegría, te pone la sonrisa en la cara y te hace olvidar durante un rato la carrera. Otro giro de 180 grados nos devuelve en dirección contraria para girar poco después de nuevo hacia Tarongers. Se acercan kms difíciles, o eso te dice la experiencia. A partir del km21 en la Calle la Reina, en los otros dos maratones siempre he tenido un pequeño bajón, así que voy con las orejas de punta como la Nera y controlo en estos kms el ritmo y el pulso para no pasarme. Tenía idea de parar a hacer pis al final de Tarongers, pero con el «aguanta un poco más», al final esta vez ni tuve que parar. Llega el km21 y paso la media maratón en 1:41:50, parcial a 4:49. Se puede decir que vamos bien, que vamos mejor de lo que esperábamos, y que vamos a intentar aguantar así.
Vamos hasta el 30. El muro son los padres
Salimos de calle La Reina y afrontamos el giro hacia Avenida del puerto, hace más de una hora que nos habíamos cruzado por aquí con Bekele y compañía, a ellos les cuesta un poco menos que a mí llegar. Larguísima la avenida del puerto, pero llevadera, en el km24 antes de girar de nuevo hacia Alameda me tomo el segundo gel, esta vez de cafeína. Por el momento llevo dos pastillas de sales en la salida, un bidón de hidratos hasta el km14, un gel en el 15, otra sal con cafeína en el 20 y otro gel con cafeína en el 24. Todo bajo lo previsto. La recompensa del final de Avenida del puerto es maravillosa, sé que giramos otra vez hacia Alameda, y ahí estarán ellas de nuevo, animando como siempre y esta vez con una tarea importante, darme el segundo bidón de hidratos. Giramos hacia Alameda y es un no parar de gente a la altura del Palau de la Música y en la rotonda de la Plaza Zaragoza, y otra vez, ahí está el brazo en alto a lo lejos, móvil en mano y gritando. No sé exactamente a nivel químico que es lo que sucederá en el cuerpo, pero es un subidón difícil de describir. Mi hermana me acompaña unos pocos metros, me da el bidón, le digo que voy bien y suelta ese «que grande eres hermano» que te hace acelerar de nuevo, y sabes que no es bueno, pero es como si te empujaran y no pudieras frenar, a esto le sumas la cantidad de gente animando en Alameda, gente del club que te anima y te sale otro km a 4:40. Pero bueno, que vamos a hacerle, el subidón es el subidón, pero se paga. Nada más salir de Alameda un pequeño bajón, la cabeza empieza a mandarte señales del tipo «te has pasado», «has salido muy rápido», «estás cerca del muro y lo empiezas a notar». Así que toca callar las voces, concentrarse, y volver a lo de los primeros kms, mirar el reloj, controlar ritmo y controlar pulsaciones, y ser benevolente contigo. Llevas margen, vas mejor de lo que hubieras imaginado, tómate una licencia si hace falta, sigue y si algún km se baja el ritmo te lo puedes permitir. Pasar por las Torres de Serrano y entrar en el centro no son buenos acompañantes para mantener la calma, pero hay que ser responsables, km 27 y 28 rondan los 5min/km de ritmo, pero «te lo puedes permitir».
Lo importante es llegar al 29 sereno, entrada a la Calle La Paz, y como ya es tradición ahí estarán ellas de nuevo. Y es como un click, ibas regular, pero es enfrentar la calle y todo desaparece, vuelves a estar genial, diría que es el mejor momento del maratón hasta el momento. La gente empieza a andar, y se ve que hay gente ya tocada, pero te sientes bien, y vas adelantando, te abres en la curva de Calle La Paz para buscarlas, 0,1 segundos tardas en verlas. Ese grito, esa sonrisa, esa ilusión, y ese empuje. Besito al aire a Bea y mi hermana me acompaña unos metros, no sé ni lo que me dice, pero yo le repito voy bien, voy súper bien, y encima es verdad. Toda la calle La Paz, poeta querol, ayuntamiento… no paro de adelantar a gente, pero el pulso no sube, aún no duelen las piernas, es como todo idílico. ¿Será la calma que precede la tormenta? km30 en 2:25:06 a ritmo de 4:50 seguimos, todo perfecto.
Que difícil es todo a partir del 30
Salimos del centro, cogemos gran vía, y como una losa te empiezas a notar pesado, te falta agua, te molesta el estómago, tienes calor. ¿Pero que está pasando? si ibas perfecto. Pues eso, es un maratón, si no sufres a partir del 30 cuando vas a sufrir. Has venido a eso, no has venido a pasear, has venido a probarte, es el día del examen después de mucho estudiar y hay que dar el callo. Hasta meta no vas a volverlas a ver, así que la baza de la motivación no la tienes. Vas a ver a Marc en el km37 y eso te ayuda a seguir, es un punto intermedio y te va a venir genial, pero la realidad es que a partir del 30 es una lucha cabeza-piernas. No llegué a sentir un muro como tal, no llegué a notar un desfallecimiento, pero de ir todo rodado, el tren empezó a descarrilar poco a poco. Así que en la cabeza solo hay que cálculos de margen de tiempo, y frases del estilo, «venga que puedes» «llevas margen y hay que apretar» «si no sufres ahora cuando vas a sufrir, si ya estás acabando». Y así van pasando los kms. Durante el km32 miré el reloj unas diez o doce veces, no pasaban ni los minutos ni los metros, y eso que estaba el cartel de colacao que me hizo llevarme la cabeza a Bea y sus tardes de tazón calentito en casa. Solo quería que llegar a la rotonda del Bioparc, desde ahí tenía claro que la parte de sufrir se acababa una vez girara la curva de Archiduque Carlos, pero que difícil es mantener el ritmo cuando ves a tanta gente parada, son kms difíciles para todo el mundo y el entorno condiciona. Pero ese es el momento en el que sabes que no vas tan mal, que tienes fatiga pero que los ritmos siguen saliendo, que has comido que bien, pero por si acaso te vas a meter el último gel un par de kms antes de lo previsto, así que llegado el km36 te tomas el último gel, bebes agua y empiezas a restar. Cuentas hasta el km40, porque los dos últimos vas a ir por inercia, lo sabes. Así que solo te quedan 4kms para acabar, unos 20 minutos, como un calentamiento, no es nada. Y así van pasando los metros, con esa lucha cabeza piernas que se ameniza con los ánimos de la gente y los voluntarios. Del km 33 al 37, todos los kms están cerca de los 5 min/km, pero tienes margen, el parcial del 35 sale a 4:51, son kms difíciles pero sigues al pie del cañón. Un fugaz pensamiento de parar, de ponerte en lo peor y pensar que tienes margen para acabar incluso andando, pero los bloqueas, no es una opción por el momento, no estás en esas.
Llega la curva de Archiduque Carlos, cerca tengo a mi sobrino, me voy fijando pero no lo veo, esto hace que pasen los metros más rápidos, incluso te das cuenta de que estás acelerando, km38, 4:46, y lo ves, ahí está buscándote, le tiras el bidón que habéis quedado que el te recogía, te ofrece agua y es magia. Vas acalorado, te va de perlas, directa a la cara, al cuello y a las piernas. Hay que refrigerar el motor para que no se queme. Buen chute de energía, vuelve a la cabeza lo cerca que estás de meta, y cuando giramos hacia Avenida del Cid, sé que San Vicente está cerca, una vez lleguemos ahí prácticamente está acabado, los ánimos de la gente vuelven a crecer, empieza a haber más y más gente y ya no hay opción al pensamiento negativo. La calle Colón te parece que la haces a sprint, no paras de adelantar gente, la realidad es que vas al ritmo que has ido toda la carrera, 4:42 en el km 40. Pensar que tu hermana podía estar en la Calle Colón te hace acelerar, buscarla, no la ves, aunque luego te enterarás que sí que estaba. Sin verla te ha ayudado a pasar por ahí como un «rayo». Puerta de la Mar, pasillo estrecho y muchos gritos, corredores que se paran en seco, agudizas la concentración, sabes que tropezarte ahora lo tiraría todo al traste, a ver quien se levanta o vuelve a los ritmos. Tanto te has repetido que estás llegando que te has acelerado, km 41, 4:25, efectivamente te has pasado. Baja un poco porque se te están yendo las pulsaciones, pero… que narices si queda un km, estás a punto de girar para bajar ya hacia la alfombra azul, ahora no se para, se sigue y mañana ya si eso te arrepientes de este arreón. No sabes exactamente donde está, pero sabes que está, así que nada más pisar la alfombra te pones a buscar, menos de 2 segundos tardas en volver a ver esa mano en alto, gritando, no sabes lo que dice pero está gritando, seguro. Gesto de victoria al pasar por enfrente, lo hemos logrado, vamos a acabar y vamos a acabar con mejor tiempo de lo previsto. La alfombra es larga, incluso un pequeño repecho que podría no haber estado la verdad, es un simple escalón con rampa, pero te tensa desde el talón hasta la nuca. 300m finales, echas un ojo a la derecha, escuchas un «buena carrera», ostras tu, pero si es el chaval que he llevado de referencia durante varios kms. Cruzas la meta, gesto de rabia, de alegría, y de «pues ya está». Cruzas unas palabras de respeto y agradecimiento al compañero, te cuenta que él también te ha usado de referencia, y aunque es una tontería, es bonito. Él no lo sabe, pero te ha ayudado, tu no lo sabes, pero le has ayudado.
Meta
No sabes exactamente donde está, pero sabes que está, así que nada más pisar la alfombra te pones a buscar, menos de 2 segundos tardas en volver a ver esa mano en alto, gritando, no sabes lo que dice pero está gritando, seguro. El video lo corrobora con un «Robertoooooo» que ni Penélope Cruz con el famoso «Pedrooo». Gesto de victoria al pasar por enfrente, celebración, lo hemos logrado, vamos a acabar y vamos a acabar con mejor tiempo de lo previsto. La alfombra es larga, incluso un pequeño repecho que podría no haber estado, la verdad, es un simple escalón con rampa, pero te tensa desde el talón hasta la nuca. 300m finales, echas un ojo a la derecha, escuchas un «buena carrera», ostras tu, pero si es el chaval que he llevado de referencia durante varios kms. Cruzas la meta, gesto de rabia, de alegría, y de «pues ya está». Cruzas unas palabras de respeto y agradecimiento al compañero, te cuenta que él también te ha usado de referencia, y aunque es una tontería, es bonito. Él no lo sabe, pero te ha ayudado, tu no lo sabes, pero le has ayudado. Que magia esto del maratón.
Paras el reloj, no miras ni estadísticas, no quieres saber nada ahora mismo. Por lo tarde verás que el 24.195 del Garmin marca 3:21:52, campanita amarilla de PR en Strava. El tiempo oficial 3:24:14, cinco minutos menos que los otros tres maratones que marcaron 3:29, pero ahora te da igual. Ahora solo quieres verlas, y buscas y no las ves. Así que sigues el recorrido, te dan la medalla, no te importa, quieres verlas. Sigues y buscas, un toque a la espalda, te giras y ahí están. Tenías ganas de verlas, pero ellas más creo yo.
Se ha terminado, no ha sido una preparación exhaustiva, te queda la espinita de que pasaría con un entrenamiento más serio y dedicado, ¿cuál hubiera sido el tiempo? Lo sabremos a futuro, porque, en cualquier caso, no hay secretos, si estudias-apruebas, si entrenas-mejoras, si eres dedicado a algo, las cosas salen, mejor o peor, pero salen. Así que toca descansar, y retomar en breve con ganas, sin grandes parones. Me da a mí que los próximos meses voy a ser más ciclista que runner, aunque ya hay alguna carrera en el calendario.
